Práctica: Rotafolio Crítico

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INTRUCCIONES ROTAFOLIO: Análisis y reseña crítica sobre «El violín perdido» y «el Tren de la Muerte»

El ROTAFOLIO DEBE CONTENER

Portada (logo, nombre de la materia, nombre de la actividad, nombre del alumno, grupo, fecha)

Índice de cada parte

Parte 1: Reseña crítica

  • Elabora una reseña crítica de unas 400 palabras sobre el cuento «El violín perdido» (Manuscrito). Debe incluir:
  • Breve sinopsis de la trama
  • Análisis crítico sobre los personajes principales, su evolución y decisiones
  • Comentario sobre el contexto histórico y geográfico en el cuento
  • Opinión argumentada sobre los aspectos más interesantes del relato
  • Evaluación personal sobre la calidad del texto y sus aportes al género

Parte 2: Elementos gráficos (infografías)

  • Crea una infografía sobre los datos históricos mencionados en la historia como la dictadura de Batista o sobre la época dorada del cine mexicano. Puede incluir:
  • Línea de tiempo con eventos principales
  • Imágenes representativas (DIBUJADAS) y leyendas explicativas
  • Cualquier otro elemento que complemente el contexto

Parte 3: Elementos gráficos

  • Elabora un análisis de 1 página sobre las decisiones y evolución de los dos personajes centrales, Isabel y Pedro. Explica sus motivaciones y argumenta si sus acciones están justificadas o no según tu perspectiva.

Parte 4: Reseña crítica
– Elabora una reseña crítica de unas 400 palabras analizando los elementos característicos del relato (manuscrito):
* Personajes: descripción física y psicológica. Evolución e influencia en la trama.
* Argumento: sinopsis breve. Estructura narrativa.
* Temática y género: historia de suspense y terror. Contexto histórico de la Revolución Mexicana.
* Estilo del autor: lenguaje, imágenes, recursos literarios para provocar tensión.
* Opinión personal: valoración crítica sobre los aciertos y aspectos a mejorar.

Parte 5: Elementos gráficos
-Crea una infografía donde se destaque el uso del tren y su importancia en la Revolución Mexicana, y destaca la estación del tren más cercana a Fresnillo.

– Diseña un mapa señalando el recorrido imaginario que realiza el siniestro tren protagonista.

– Incluye 1-2 ilustraciones representando a los personajes centrales, Emiliano y Gabriela.

Parte 6: Análisis del desenlace
– Redacta un texto de 1 página analizando el significado del enigmático final de la historia. Incluye:
* Interpretación sobre el destino de Gabriela y la existencia del tren maldito
* Explicación de la escena en que Emiliano parece romper la 4a pared
* Comentario sobre el tono suspensivo y abierto del relato
* Tu visión personal sobre cómo debería concluir la trama

Se evaluará:

  • Capacidad de síntesis e interpretación crítica en la reseña
  • Precisión de datos e integración de recursos gráficos en la infografía
  • Análisis psicológico en el comentario de personajes
  • Ortografía y redacción adecuada

¡Éxito!

PRIMER HISTORIA

El violín perdido

La Habana, marzo de 1952. Isabel hacía fila frente a la taquilla del cine para comprar una entrada y ver su película favorita, Cuando ruge la marimba, por quinta vez. Le encantaban los musicales alegres y romanticones de la época dorada del cine mexicano con sus bellas actrices de largas cabelleras negras y sus galantes actores con bigote y sombrero ancho. Eran su escape perfecto de la gris y monótona realidad habanera bajo la dictadura de Fulgencio Batista.

De repente, un fuerte estruendo y gritos de gente huyendo despavorida interrumpieron sus fantasías cinematográficas. Una bomba acababa de estallar a la entrada del cine, colocada por alguno de los rebeldes que luchaban contra el régimen. El ataque solo dejó daños materiales, pero provocó el caos y la suspensión de toda la programación.

Isabel regresó frustrada y triste a la gran casona familiar. Era una hermosa construcción de estilo colonial con amplias habitaciones, pisos de mármol y ventanales hasta el techo con vista a un patio interior con fuentes y palmeras. Pero a Isabel no le interesaban los lujos. Lo único que amaba en esa casa era encerrarse durante horas en el desván a tocar su viejo violín.

Su tío Ignacio se lo había regalado para su décimo cumpleaños. Era un Stradivarius auténtico, heredado de su bisabuelo, famoso concertista en la Europa del siglo XIX. Aunque descuidado y con algunas piezas sueltas, el violín tenía un sonido maravilloso. E Isabel tenía un talento innato para la música y en especial para ese instrumento. Se pasaba horas enteras perfeccionando piezas clásicas sin que nadie la escuchara.

Sus padres desaprobaban su afición a la música viéndola como una pérdida de tiempo y un peligro para encontrar un buen marido acomodado. Pero Isabel no estaba interesada en balls ni pretendientes aburridos. Solo soñaba con ser una gran violinista y viajar por el mundo entero deleitando al público con su Stradivarius.

Una tarde, luego del incidente en el cine, Isabel fue directo al desván pero cual no sería su sorpresa y espanto al descubrir que su amado violín había desaparecido. El corazón se le detuvo unos segundos pensando en quién podría haberlo robado y por qué cruel destino habría ido a parar algo que ella tanto atesoraba.

Desesperada le contó a la servidumbre, registró hasta el último rincón, pero no había ni rastro del estuche de terciopelo rojo con el violín y su arco. Lloró amargamente la pérdida sin que nadie en su familia la comprendiera o consolara. Todos le dijeron que era solo un violín, que no valía la pena ponerse así por una cosa material.

Pero para Isabel no era una simple cosa, era su pasión, era como si le hubieran arrancado una parte del alma. Los meses pasaron en medio de una profunda depresión. Ya no tocaba el piano de su madre ni mostraba interés alguno en las fiestas y reuniones sociales con otras familias pudientes.

Solo salía de su ensimismamiento cuando escuchaba en la radio a algún gran violinista clásico como Menuhin o Heifetz. Cerraba los ojos y se imaginaba que era ella quien producía tan maravillosa música. Soñaba con su Stradivarius perdido, preguntándose dónde estaría en ese momento y si lo estarían cuidando y apreciando como ella lo había hecho.

Una tarde, paseando sin rumbo por el Malecón habanero la suerte quiso que Isabel escuchara a lo lejos una melodía familiar. Estaban tocando una Danza Húngara de Brahms que ella solía practicar en el desván. Siguiendo las notas como hipnotizada llegó frente a un músico callejero de aspecto envejecido que sacaba las notas más dulces y conmovedoras a un violín que se le hizo terriblemente conocido.

¡No podía creerlo! ¡Era su Stradivarius! Estuvo a punto de desmayarse de la emoción. Con lágrimas en los ojos se acercó al hombre que dejó de tocar impactado al ver a esa bella joven llorando frente a él. Entre hipidos Isabel le explicó que ese era su violín perdido. El hombre en un principio no podía creerle. Pero ella le describió hasta la más mínima marca del violín. Entonces comprendió que decía la verdad.

El violinista se llamaba Pedro y con vergüenza le confesó que había encontrado el estuche con el violín abandonado en un callejón hacía meses. Pasaba tanta hambre que no lo pensó dos veces para quedárselo y empezar a tocar en la calle por unas monedas. Le imploró perdón a Isabel diciendo que no sabía el valor sentimental que tenía para ella y le rogó que no lo denunciara a la policía por habérselo apropiado indebidamente.

Isabel solo podía llorar de felicidad abrazando su recuperado violín. Le aseguró que no lo denunciaría, todo lo contrario. Para agradecerle el haber cuidado y tocado tan maravillosamente su Stradivarius todo ese tiempo, Isabel invitó a Pedro a vivir en la casa de sus padres y le conseguiría un puesto de músico en la Filarmónica de La Habana.

Así nació una gran amistad y una relación de maestro y alumna entre Pedro e Isabel. Juntos comenzaron a componer piezas de concierto cada vez más elaboradas. Pedro le enseñó a Isabel todos sus secretos con el violín, aprendidos durante décadas como músico callejero.

Isabel floreció con una técnica prodigiosa. Pasaba días enteros estudiando sin descanso las composiciones de los grandes maestros europeos. También se inspiraron en los ritmos afrocubanos para crear piezas originales que cautivaron por su belleza y pasión tropical.

La familia de Isabel cambió por completo su actitud hacia su afición musical al verla tan realizada y el gran talento que exhibía en cada presentación con Pedro. Tres años más tarde, con un repertorio muy amplio, se presentaron en el majestuoso Gran Teatro de La Habana. Las entradas se agotaron en cuestión de horas.

Esa noche histórica, Isabel lucía un elegante vestido largo verde esmeralda, acorde con la época. Todo su cuerpo temblaba de emoción al asomarse por el telón rojo y ver la monumental sala llena y el piano de cola negro brillante esperándolos en medio del escenario.

Tomó su amado Stradivarius ya restaurado en sus manos, miró con complicidad a Pedro y salieron juntos a escena entre aplausos. Las luces, la expectación del público, ese momento único que Isabel había soñado desde niña al fin se hacía realidad.

Tocaron por casi dos horas piezas de Brahms, Beethoven, Mozart y sus propias composiciones con una química y virtuosismo impecables. La voz del violín de Isabel y el talento de Pedro hicieron vibrar cada nota con pasión desbordante. El teatro entero contuvo la respiración en los solos más intensos para estallar en vítores en los movimientos finales.

Al terminar, la gran ovación y los bravos parecían no acabar. Isabel derramaba lágrimas de emoción y tuvo que hacer varias reverencias. Su sueño de ser concertista internacional había comenzado. A partir de esa noche, ofrecieron decenas de conciertos por toda Latinoamérica y luego cruzaron el atlántico para deslumbrar con su música en los escenarios de París, Praga y Viena.

Muchos críticos afirmaban no haber presenciado jamás una conexión tan genuina entre dos virtuosos del violín. Y pensar que todo había nacido de la pérdida y recuperación milagrosa de un viejo Stradivarius abandonado en las calles de La Habana…La magia de la música había unido sus destinos para siempre.

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SEGUNDA HISTORIA

El tren de la muerte

México, 1910. Emiliano corría desesperado por la estación de trenes buscando a su hermana Gabriela entre la multitud. Los disparos y caos de la revolución se acercaban cada vez más a la ciudad. Emiliano no encontró a Gabriela en el lugar donde habían acordado verse, pero a lo lejos divisó un tren con el silbato sonando, a punto de partir.

Emiliano tenía el cabello negro azabache y ojos verde esmeralda, que contrastaban con su tez morena. Era alto y fornido, acostumbrado al trabajo de campo. A sus 20 años, era valiente y decidido, dispuesto a encontrar a su hermana al precio que fuera.

Al subir al tren, Emiliano recorrió angustiado todos los vagones gritando el nombre de “Gabriela”. Muchos pasajeros nerviosos le exigían guardar silencio. Desesperanzado, se dejó caer en un asiento vacío justo cuando el tren comenzó a avanzar. Frente a él, había una chica de espaldas con un sombrero azul. Cuando ella se dio vuelta, Emiliano casi se va de espaldas.

—¿Me buscabas? – preguntó Gabriela con una sonrisa pícara. Era idéntica a Emiliano en sus facciones: pómulos altos, piel canela y el mismo cabello negro azabache. Pero sus ojos eran de un marrón intenso y su complexión mucho más pequeña y delicada.

—¡Gabriela! ¿Dónde te habías metido? Creí que te había pasado algo. Vamos, hay que bajarnos ya de este tren.

Ella negó suavemente con la cabeza. Le explicó que había logrado conseguir los últimos dos boletos para aquel tren que los sacaría del conflicto armado rumbo a la frontera con Estados Unidos. Era su única esperanza.

Emiliano no estaba seguro. Algo se sentía terriblemente mal. Los otros pasajeros tenían una mirada sombría y hablaban entre murmullos. Muchos llevaban maletas y bultos envueltos en mantas, aferrándose a ellos con recelo. ¿Qué secretos y tesoros escondían tantos desconocidos apiñados en ese tren?

De repente, un estruendo sobrenatural inundó el vagón. Las ventanas temblaron y algunas valijas cayeron de los portaequipajes. Gabriela tomó la mano de su hermano. Su mirada había cambiado, ahora reflejaba un profundo terror.

—Tenemos que salir de este tren, Emiliano. Nadie sobrevivirá a este viaje. Este no es un tren común. Los pasajeros…no son pasajeros corrientes. Si no saltamos en la próxima parada, estaremos perdidos.

Emiliano no entendía esa reacción en su hermana, siempre tan serena. Iba a hacerle más preguntas pero en ese instante, las luces del vagón comenzaron a parpadear hasta quedar completamente a oscuras. Se escucharon más gritos de pánico. De fondo, el estruendo infernal del “tren” arrancando acero y tragando vidas inocentes en su avance implacable.

En la oscuridad, Emiliano alcanzó a distinguir los rostros de horror de los pasajeros transformándose en calaveras y rostros putrefactos de ultratumba. Escuchó susurros de auxilio y lamentos espeluznantes. Entre las sombras también vislumbró manos huesudas y garras deformes aferrándose a los últimos resquicios de vida.

Gabriela tenía razón. No eran personas comunes, ¡eran espíritus en pena! Emiliano abrazó fuerte a su hermana, que ya no parecía asustada sino resignada a ese destino onírico.

El estruendo se hacía más fuerte, como si viajaran en las mismísimas entrañas del averno. De repente, Gabriela tomó el rostro de Emiliano entre sus manos y le dijo:

«Hermano, sé que estás aterrorizado. Pero debes ser fuerte por los dos. Este tren está condenado y solo nosotros podemos salvarnos».

Emiliano sentía que el corazón se le saldría del pecho. Miró a Gabriela sin comprender.

«¿A qué te refieres con que solo nosotros podemos salvarnos?».

Gabriela señaló a los horrendos espíritus que minutos antes fueran pasajeros vivos.

«Ellos ya no tienen escapatoria. Pero nosotros aún tenemos una oportunidad si actuamos pronto».

El tren sacudía fuertemente como nunca antes lo había hecho. Las ventanas estallaron en mil pedazos. Emiliano se aferró fuertemente a su hermana entre los escalofriantes aullidos de ultratumba.

De pronto, el tren pareció salir de las vías, precipitándose a un vacío interminable. Todo era caos y angustia. Emiliano cerró fuertemente los ojos esperando el final.

Pero justo antes del impacto le pareció verse a sí mismo, aferrado a Gabriela en medio de esa masa deforme de almas en pena que eran despedazadas sin piedad entre tablones, ruedas y pistones al rojo vivo.

Y en ese momento de intuición supo que solo tenían una salida. Con sus últimas fuerzas tomó a su hermana en brazos y saltó por una de las ventanas destrozadas, antes de que el tren se estrellara e hiciera erupción en una bola de fuego.

Cayeron durante lo que pareció una eternidad. Emiliano solo alcanzaba a ver el cielo nocturno entre letras y palabras pudo ver al lector y estrellado girando sobre ellos, mientras Gabriela gritaba aferrada a su cuello.

De repente, todo se volvió negro. Emiliano despertó sobresaltado en una camilla de hospital. Su pierna y varias costillas rotas le producían un dolor agudo.

Una enfermera se acercó alarmada al verlo incorporarse de golpe. Le explicó que lo habían encontrado tirado y malherido cerca de las vías del tren, gritando el nombre de Gabriela.

Emiliano no entendía nada. ¿Acaso todo había sido producto de su imaginación? ¿El tren endemoniado, los pasajeros espectrales? ¿Y qué había pasado con su hermana?

La enfermera intentó calmarlo. Le dijo que no habían encontrado rastros de ninguna mujer con él y que debido al golpe sufrido era posible que tuviera lagunas mentales. Debía descansar.

Pero Emiliano estaba decidido a llegar al fondo del misterio. En cuanto se recuperó, viajó al lugar del accidente. Efectivamente, las vías y sus alrededores estaban calcinados, como si un tren se hubiera incendiado allí.

Emiliano supo entonces que no había sido una alucinación. El Tren de la Muerte existía y se había llevado a su hermana Gabriela. Con el corazón destrozado, lanzó un desgarrador grito de dolor que los pájaros y la brisa vespertina se encargaron de transportar por todos los confines.

Gabriela, su amada hermana, se había ido para siempre. Y él tendría que aprender a vivir con ese vacío, y la certeza de que en algún lugar entre el mundo de los vivos y de los muertos, aún se escuchaba el tétrico silbato de El Tren de las Almas Perdidas…

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EJEMPLO DEL ROTAFOLIO

 

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CRITERIOS A EVALUAR