El texto narrativo es aquel en el que se cuentan una serie de acciones engarzadas por una línea temporal. Algunos de los ejemplos más representativos son la novela o el cuento. En este tipo de texto pueden reconocerse tres aspectos fundamentales:
a. Las acciones narradas, es decir, aquello que se cuenta.
b. El discurso, dicho de otra forma, el modo en que se cuenta.
c. La situación narrativa, esto es, el proceso mediante el cual un sujeto asume la función de narrar a otro una historia.
En este aspecto, el discurso narrativo, como cualquier otro, se construye como una situación comunicativa completa: donde un narrador le cuenta una historia a otro, que recibe el nombre de narratario, tal como en el circuito de la comunicación tenemos un emisor que comunica un mensaje a un receptor.
Para administrar las acciones que se cuentan, debe asumirse una focalización, es decir, un ángulo de visión de los acontecimientos y un tono de voz acorde con esa perspectiva. En otras palabras, debe haber un narrador que, con total o limitado conocimiento de los hechos, va relatando los sucesos que pertenecen a la historia.
ACTIVIDAD 1
investiga en fuentes confiables tres definiciones de narrador, recopílalas, y crea un cuadro, redactado mano, en el ultimo apartado crea una definición propia.

ACTIVIDAD 2
Del siguiente texto, crea una tabla donde describas la focalización del narrador e identifica un segmento del texto:
Cuando me pongo a recordar todo eso, Maximiliano, me parece mentira que hayan pasado tantos años y que hayan llegado y se hayan ido todos esos días que parecía que nunca iban a llegar. Porque, ¿sabes otra cosa, Maximiliano? Todos los días llegan alguna vez, aunque no lo creas y aunque no lo quieras, y por más lejanos que parezcan.
El día en que cumples dieciocho años y tienes tu primer baile. El día en que te casas y eres feliz. Y cuando llega el último día, el día de tu muerte, todos los días de tu vida se vuelven uno solo. Y resulta entonces que tú, que todos, hemos estado muertos desde siempre. Resulta entonces que la esposa de tu hermano, Sisi, qué pena tener que decírtelo, Maximiliano, desde que era niña y bailaba en las plazas de Baviera mientras su padre tocaba el violín disfrazado de gitano, desde entonces, imagínate, ella tenía ya clavado en el pecho el estilete que un fanático le encajó a la Emperatriz Elisabeth a orillas del Lago Leman cincuenta años después. ç
Y resulta que desde que tu padre El Aguilucho era un niño y descubría asombrado la Batalla de Austerlitz y la toma de Mantua entre los trozos de zanahoria y pavo trufado, ya tenía en la boca, qué dolor que lo sepas, Maximiliano, la última bocanada de sangre fresca con la que se le iría la vida al Duque de Reichstadt en un cuarto oscuro y frío del Palacio de Schönbrunn.
Fragmento de Noticias del Imperio de Fernando del Paso.
